Desmontando los mitos y temores del “famoso” Proceso de Bolonia

Manual de instrucciones para entender qué implica Bolonia y qué va a suponer. Aclaramos los temas más candentes

Mucho se ha hablado a lo largo de los últimos meses del Proceso de Bolonia, que pondrá en marcha el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) a partir de 2010 en toda Europa. Contestado con contundencia por ciertos sectores de la comunidad universitaria, Bolonia ha puesto en pie de guerra a los sindicatos estudiantiles contra una reforma que consideran “injusta” y “elitista”. Hoy tratamos de desmitificar algunas de las cuestiones más controvertidas que se achacan a esta reforma educativa con la ayuda de dos expertos en materia de enseñanza universitaria, Javier Manuel Valle López, Delegado para el EEES de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, y Valentí Llagostera, Director de Planificación y Servicios Académicos de la Universitat de Barcelona.

Hasta hace escasos meses, pocos eran los ciudadanos –inclusive entre la comunidad estudiantil– que habían oído hablar del Proceso de Bolonia. Manifestaciones multitudinarias, encierros y huelgas, así como el fuerte rechazo que ha suscitado entre ciertos ámbitos universitarios la puesta en marcha del llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), nos llevan a preguntarnos qué hay de cierto sobre la escasa o nula utilidad de los cambios que plantea la reforma educativa. No obstante, antes de empezar conviene recordar algunas cuestiones básicas.

¿Qué es el Proceso de Bolonia?

El llamado Proceso de Bolonia, que debe implantar el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) a partir de 2010 en 46 países del Viejo Continente, es un proyecto que tiene como fin la construcción de un marco de educación común en todas las universidades europeas. El objetivo del EEES es doble: por una parte, garantizar la homologación instantánea de títulos y, por otra, permitir una mayor movilidad de alumnado y profesorado por centros universitarios de toda Europa.

Es comprensible que para equiparar títulos y formación haya primero que pasar por un periodo de convergencia de los actuales modelos universitarios europeos. Para ello, se ha establecido la adopción de un sistema de ciclos de aprendizaje: grado (4 años o 240 créditos ECTS –Sistema Europeo de Transparencia de Créditos–, de formación generalista); y postgrado, integrado a su vez por un primer periodo de máster (1- 2 años o entre 60- 120 créditos ECTS de especialización) y doctorado (3 a 4 años).

Algo que cambia sustancialmente a partir del Proceso de Bolonia es el concepto del crédito universitario ya que, hasta ahora, sólo contaban aquellas horas en las que el alumno asistía a clases magistrales. Así, a partir de la implantación del EEES, el crédito ECTS contabilizará las horas que el alumno dedica a las clases, pero también aquellas que consagra al estudio y a la elaboración de trabajos y prácticas fuera de las aulas.

Las ventajas de este sistema, cuyo acuerdo se remonta a junio de 1999, son múltiples: en primer lugar, se equipara el valor de los títulos universitarios en toda Europa, lo que facilita, tanto a la hora de estudiar como a la de trabajar, la circulación de estudiantes y docentes por todo el continente. En segundo lugar, se garantiza una mejora de la calidad en la enseñanza superior, ya que las calificaciones están basadas en la evaluación continua y no tanto en exámenes finales puntuales. Por último, se incrementan las competencias que adquiere el estudiante a través de la obtención de titulaciones altamente especializadas que deben facilitarle un cómodo acceso al mercado laboral.

Una reforma en marcha en toda Europa

Algunos países firmantes de la Declaración de Bolonia ya están aplicando programas pilotos de cara a la puesta en marcha definitiva del EEES. En España, donde se trabaja a contrarreloj para establecer un marco que permita converger en Bolonia dentro de un año, el proceso ha encontrado una incontestable oposición por parte de un amplio sector del alumnado. Los principales sindicatos estudiantiles han salido a la calle para pedir la retirada de una reforma que califican “el ataque más grave que ha sufrido la universidad pública en su historia”. Se habla de “reforma socialmente injusta”, que “entrega la universidad a los intereses de las grandes empresas”.

En palabras de dos expertos en la materia, Javier Manuel Valle López, Delegado para el EEES de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, y Valentí Llagostera, Director de Planificación y Servicios Académicos de la Universitat de Barcelona, estas críticas ponen de manifiesto la profunda incomprensión de la reforma entre los estudiantes. ¿La razón? A opinión de los expertos, debido a una falta de información indudable. “La sociedad percibe una cierta precipitación en la puesta en marcha de Bolonia, precipitación que se debe en gran parte a la escasa importancia que se le ha dado a este proceso desde el principio”, afirma Javier Manuel Valle López.

Hablamos, sin embargo, de una iniciativa que está en marcha desde hace una década. Entonces, ¿cómo es posible que la aplicación de Bolonia haya pillado por sorpresa a tanta gente? Valentí Llagostera entona el mea culpa al asegurar que “a la estructura universitaria también le está costando mucho trabajo adaptarse al cambio ya que, durante muchos años, las universidades han trabajado de una determinada manera y ahora resulta complicado adaptarse”. Además, sustenta su afirmación en el hecho de que Bolonia implica “más trabajo para todos: para los alumnos que deberán tener una actitud más participativa, y para los profesores, que tendrán que reforzar su papel de orientador y guía del estudiante”. Javier M. Valle va más allá al sentenciar que “hace falta pedagogía de Bolonia” y pone de ejemplo las numerosas campañas publicitarias que se lanzaron para dar a conocer el valor del euro frente a la peseta con la entrada en vigor de la moneda única frente “a la nula campaña informativa llevada a cabo en el caso del EEES”.

“Desmontando” mitos

Al abrigo de esa “desinformación” –término que ambos utilizan para calificar la situación actual–, han crecido en los últimos meses movimientos de protestas, sorprendentemente virulentos y radicalizados en contra de un proceso de transformación que se ha implantado sin rechazo en muchos otros países del continente.

¿Pero, entonces, es Bolonia un proyecto “que pone la universidad al servicio de las grandes empresas”, que “convierte la educación pública en un reducto de las élites económicas” y “desvaloriza los títulos actuales frente a las nuevas titulaciones”? Para responder a estas cuestiones, nada mejor que analizar las principales críticas que se le imputan a la reforma educativa.

· Bolonia supone la mercantilización de la educación porque deja la universidad en manos de las empresas

Uno de los mitos más recurrentes del Espacio Europeo de Educación Superior es que éste sólo se adapta a la demanda laboral y a las necesidades de las empresas, en cuyas manos “quedaría” –en palabras del Sindicato de Estudiantes– la financiación de las universidades. Sin embargo, Bolonia busca ofrecer una formación más útil para el ejercicio profesional. Javier M. Valle considera de una “demagogia aberrante” que se diga que Bolonia va a suponer la privatización de las universidades ya que, asegura, se trata justamente del proceso contrario: “ofrecer titulaciones y máster impartidos en las universidades privadas a un coste exorbitante, a precio público, accesible a todos”. También rotundo se muestra Llagostera respecto a la pérdida de autonomía de las universidades a manos del sector privado: “No es verdad que las empresas tengan algún tipo de control sobre el gobierno de las universidades”. Sin embargo, admite que “ciertos centros están firmando convenios de financiación con entidades financieras y empresas para facilitar la investigación”, pero reitera que esta práctica no es nueva, sino que siempre ha habido compañías interesadas en financiar la I+D y que la universidad pública se ha beneficiado largo tiempo de ese apoyo económico.

De hecho, el EEES no establece nuevas directrices en cuanto a la financiación de las universidades públicas y deja en manos de los propios Estados miembros –en el caso de España, será competencia del Ministerio de Ciencia e Innovación– seguir financiando la I+D nacional.

· La reforma entrañará la eliminación de una serie de licenciaturas que no resultan “rentables”

Otra de las creencias más extendidas respecto al Proceso de Bolonia es que todas aquellas titulaciones que no estén orientadas al mercado laboral –tradicionalmente las carreras de Letras Puras, como las filologías y humanidades– desaparecerán. Sin embargo, esa afirmación no resulta del todo correcta porque el objetivo de Bolonia es, por una parte, profesionalizar aún más ciertas titulaciones a través de la especialización y, por otra, optimizar recursos. La idea es, en todo caso, que si en un mismo espacio geográfico coinciden varias universidades con la misma titulación –título, por otra parte, no muy demandado por los estudiantes–, reducir esta oferta de cara a evitar los gastos que esta requiere y destinar esos recursos a titulaciones menos generalistas y más especializadas. Valentí Llagostera sostiene que el proceso permitirá “que se impartan titulaciones que hasta ahora no existían” y que eso será posible precisamente gracias a Bolonia, dado que “a partir de ahora, las universidades deberán revisar las titulaciones y sus planes de estudio cada seis años, lo que permitirá ir juzgando los títulos más demandados, adecuándolos a la oferta e impidiendo que éstos queden obsoletos”.

Por su parte, Javier M. Valle recuerda que la finalidad del examen curricular y metodológico de las titulaciones que se impondrá a partir de Bolonia es “únicamente para regular el sistema”, por lo que “esta revisión no implica que los títulos logrados hasta ese mismo momento pierdan su validez”.

· A partir de ahora, se devalúan las licenciaturas y será obligatorio disponer de un máster para tener una titulación competitiva

Una de las cuestiones más espinosas del EEES aborda la nueva estructura de los ciclos de aprendizaje. Muchos estudiantes consideran erróneamente que el grado –los primeros cuatro años de formación, de carácter generalista– no será homologable a la actual licenciatura, por lo que se verán obligados a estudiar un máster para que su titulación siga siendo competitiva. No obstante, Llagostera asegura que “el grado va a ser equiparable a la actual licenciatura” y como ejemplo recuerda que, a partir de Bolonia, se podrá presentar una candidatura a una oposición con un título de graduado. “El objetivo de los máster es ofrecer una mejor formación a aquellas titulaciones especializadas que requerían más esfuerzo”, alega. Javier M. Valle puntualiza que el máster será aconsejable “para aquellas necesidades profesionales de alta cualificación” y que el nuevo sistema permitirá “mejorar y elevar el nivel de algunas titulaciones que antes eran diplomaturas”.

En cuanto a su coste, ambos expertos consideran infundadas las críticas que tachan las tarifas de excesivas y afirman que, por primera vez, estudiantes de cualquier condición social podrán acceder a una titulación altamente especializada a precio de educación pública.

· Con Bolonia, al requerir mayor entrega a los estudiantes, sólo podrán estudiar aquellos que no precisen trabajar para mantenerse

Una afirmación que preocupa especialmente tanto a Javier M. Valle como a Llagostera es que con Bolonia –debido a las nuevas exigencias que requiere la obtención de un título, mayor dedicación y un trabajo más constante en vez de jugarse el curso en un examen final– “sólo podrán estudiar aquellas personas que no precisen compaginar estudios y trabajo para subsistir”. Esta cuestión es, según los expertos, rotundamente falsa ya que, gracias a Bolonia, se reconoce “por primera vez” el establecimiento de “itinerarios a tiempo completo” –para aquellos estudiantes que van a dedicar todas sus energías a la obtención de una titulación– y “a tiempo parcial, permitiendo que aquellos que tengan que trabajar puedan organizarse en función de sus necesidades”. En cierta manera, reconoce Javier M. Valle, “Bolonia será más selectivo”, pero no estableciendo qué alumno entra o no en una facultad, sino “a través de un ritmo de estudio que sólo podrán seguir aquellos estudiantes que se esfuercen y pongan empeño en completar sus estudios”.

Más información sobre este tema:

El Proceso de Bolonia

El Proceso de Bolonia: convergencia de los sistemas de enseñanza superior

Ministerio español de Ciencia e Innovación: Preguntas frecuentes sobre el Proceso de Bolonia

Espacio Europeo de Educación Superior

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